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Da la impresión de que los colombianos aceptamos gustosos el yugo del colonialismo cultural norteamericano.  Para muestra un botón: el “Halloween”, una fiesta foránea importada de los Estados Unidos,  cada día se arraiga más entre nosotros.

 

 “Halloween” en su sentido original significa “víspera de Todos los Santos”, ya que se celebra en la tarde anterior al 1 de noviembre, fiesta cristiana de Todos los Santos.

 

Con el tiempo, y por diversas razones históricas, Halloween dejó de ser una festividad cristiana para convertirse en una fantasía de esqueletos, brujas y fantasmas, en que los niños se disfrazan y salen a pedir dulces y golosinas.  Por imposición del comercio y de los medios de comunicación predominan las decoraciones y disfraces terroríficos: murciélagos, tarántulas y telarañas, demonios y brujas, monstruos y fantasmas, esqueletos y gatos negros.

 

Se dice que para las sectas satánicas ésta es su fiesta más importante: comienzo del año demoníaco en que celebran una especie de cumpleaños del diablo.  Es posible que en Colombia, en círculos muy reducidos se dé este culto al demonio.  Pero la gran celebración de los niños nada tiene que ver con lo satánico. Aunque tampoco tiene relación explícita con lo religioso.  Nadie se acuerda hoy de que originalmente era una fiesta en honor de los santos.

 

No faltan personas en la Iglesia Católica, y más entre los cristianos no católicos, que reprueban por razones religiosas la participación en esta fiesta.  Personalmente opino que,. si bien el Halloween puede estar contaminado con antivalores ajenos al espíritu cristiano y ofrecer ciertos peligros físicos y psicológicos para los niños, no por ello se debe condenar como esencialmente malévolo.

 

La fiesta puede celebrarse en forma sana. Entonces, ¿por qué condenarla?  Si no se les permite a los niños participar se van a sentir frustrados y relegados.

 

Pueden serles útiles a ustedes las siguientes observaciones:

  1. Conviene instruir a sus hijos para que sepan distinguir lo que es fantasía o ficción (como jugar a las brujas y fantasmas) y lo que son creencias religiosas auténticas.
  2. Las expresiones terroríficas, en los disfraces y el ambiente, pueden perturbar el desarrollo psicológico equilibrado de los niños más pequeños. ¿Por qué no elegir disfraces y decoraciones amables, tranquilizantes?
  3. Los disfraces costosos  contribuyen a contaminar la conciencia de los niños con los antivalores de la sociedad de consumo: la ostentación, la idolatría de lo superfluo y la cultura del desperdicio. Todo esto en el seno de una sociedad de pobres y hambrientos, como la que nos rodea.
  4. Moderación: el excesivo consumo de azúcar perjudica la salud de sus hijos.
  5. La compañía de los adultos evitará que los niños entren incautamente a sitios indebidos o sean atropellados por un carro o una moto.
  6. En el ambiente nariñense es una realidad el peligro de la droga camuflada en las golosinas.  En nuestro medio hay personas interesadas en enviciar a los niños.
  7. Magnífico que sus hijos aprendan a divertirse sanamente. ¡Feliz fiesta!

                            Gustavo Jiménez Cadena, S.J                   Pasto, octubre 25 de 2017