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Por: Erasmo Escobar Santander.

 

En días pasados la Corte Constitucional, se pronunció en favor de posibilitar la eutanasia en menores de edad, y ordenó al gobierno,  presentar una iniciativa para regular su aplicación bajo el argumento de garantizar el “derecho a una muerte digna” cabe recordar que sobre el tema ya se permitía practicarla en adultos  desde el año 2015, y aunque como buenos ciudadanos debemos ser respetuosos de la ley, como Cristianos Católicos, debemos sentar una posición firme a favor de la vida y en contra de la cultura de la muerte, así esto implique como lo dijo el Papa Francisco, “remar contra corriente”.

 

 

Lo curioso es que la Corte Constitucional, es la entidad judicial encargada de velar por el cumplimiento y aplicación integral de la Constitución Política de Colombia, en la que se encuentra consagrado el Derecho a la Vida; paradójico es entonces que se legisle abriendo una puerta muy peligrosa en favor de la muerte como la solución a un problema que va mucho más allá de terminar con una “carga”, o con el sufrimiento de una persona.

 

 

El solo propósito de acabar con la vida humana, por cualquier razón, se asemeja a la maquiavélica idea de Hitler, de establecer una supremacía de raza, considerándola perfecta,  donde los enfermos, los ancianos y los más frágiles eran considerados inservibles, indignos de vivir, sabemos que el ser humano por su misma naturaleza es imperfecto, y que en esa imperfección está el desafío de comprender y ayudar al hermano prójimo, siempre actuando para proteger al desvalido.

 

 

Para el caso que nos ocupa, el más débil es sin duda, el niño, que por su corta edad y poca madurez quizá no pueda comprender en su momento la magnitud de la decisión de acabar con la vida, ¿acaso los padres, tienen derecho a decidir sobre la vida de sus hijos?; así la ley lo permita y diga que es lo correcto, la verdad es que nos enfrentamos a un vil asesinato, disfrazado de falsa “misericordia”.

 

 

El punto no es el de mostrarse “compasivos”, siendo testigos de piedra ante la eutanasia, el problema de fondo radica en solucionar la grave problemática de la deficiente prestación de los servicios de salud, que como dicen algunos expertos, tiene que cambiar para humanizarse, dejando de ser un lucrativo negocio, que llena los bolsillos de unos pocos, sin importar que cada día muestra falencias que van en detrimento de la salud y la vida de los pacientes.

 

 

Quien haya estudiado medicina sabe que uno de los apartes del Juramento Hipocrático dice: “Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante; me abstendré de aplicar a las mujeres pesarios abortivos”.

 

 

La pregunta entonces es: ¿El Juramento Hipocrático, es hoy un mero requisito para graduarse?, triste sería que la respuesta sea positiva, lo lógico es que sea un manual de conducta ética y moral de los galenos, que sus esfuerzos estén orientados a defender la vida y no a ser verdugos de sus propios pacientes, en el caso que la ciencia médica ya no pueda hacer mayor cosa en favor de los enfermos, lo mejor sería aplicar los cuidados para minimizar el dolor, para procurar un trato digno, respetuoso y humano a quien está padeciendo y dejar que de manera natural ocurra su deceso.

 

 

Distinto es entonces, renunciar a la vida artificial, a las maquinas, a las cirugías y procedimientos que prolonguen el sufrimiento o el dolor y de los que se tenga certeza que no van a mejorar la salud del paciente. Un acto de verdadera misericordia constituye en acompañar al enfermo con cuidados paliativos hasta que muera de manera digna, pero naturalmente.

 

 

Luego del pronunciamiento de la Corte, la Conferencia Episcopal Colombiana, emitió un comunicado donde se opone a la aplicación de la eutanasia. «Encontramos que el propósito de la reglamentación ordenada por la Corte va en contra vía del principio constitucional de defensa de la vida (artículo 11) y abre las puertas para que la sociedad llegue a legitimar la supresión de algunas personas y la negación de los más débiles y necesitados», dice e pronunciamiento de los obispos, firmado por el presidente del Episcopado Colombiano y Arzobispo de Villavicencio, monseñor Óscar Urbina; el vicepresidente de la CEC y Arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón, y el Secretario General de la Conferencia y Obispo auxiliar de Medellín, monseñor Elkin Álvarez.

 

 

De manera que la Eutanasia infantil, lejos de ser un derecho, es una cortina de humo que pretende esconder la grave crisis de la salud en Colombia, por eso estamos en la obligación de alzar nuestra voz, para defender con sentido Cristiano la existencia del ser humano, y rechazar de manera tajante cualquier iniciativa que pretenda legalizar la muerte, con el flojo argumento que en países desarrollados ya se ha permitido, lastimosamente en nuestra patria hay expertos en copiar lo malo y en justificarlo, malos imitadores de nuevas corrientes que están llevando a la humanidad a su autodestrucción.

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