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Por: Erasmo Escobar Santander.

Gran revuelo ha causado en la ciudadanía pastusa, la expedición del Decreto 0471 del 8 de noviembre de 2017, donde el alcalde de Pasto, Dr. Pedro Vicente Obando, adopta medidas regulando la venta y tenencia de algunos elementos de carnaval y, prohíbe el uso de la espuma conocida comúnmente como “carioca”, elemento químico en aerosol, que contiene sustancias nocivas para el medio ambiente y que según expertos afecta en gran magnitud la capa de ozono.

 

 

Aunque la medida parece ser antipopular, vista desde algunos comentarios acalorados especialmente en redes sociales, donde algunas personas manifiestan su descontento, la verdad es que el decreto tiene mucha más trascendencia por cuanto el Carnaval de Negros y Blancos, nos compete a todos los nariñenses.

 

 

Al ser tan nuestro, todos sentimos la imperiosa necesidad de opinar al respecto, y es entonces que se abre la puerta al debate y aparecen toda clase de razones, unas muy sesudas, y otras tan carentes de conciencia y análisis que dan pena. Igual la medida no nace de la noche a la mañana, ni es un capricho de la administración local, esta obedece a un proceso de años, de estudios adelantados por importantes universidades, con respecto a los efectos nocivos del talco y la mal llamada espuma de carnaval, pues esta se introdujo mucho después de lo que dio origen a nuestra máxima fiesta cultural y artística.

 

 

Si bien, debemos procurar mantener intactas nuestras tradiciones, tenemos el deber y la obligación moral con las nuevas generaciones, de ofrecerles un medio ambiente igual o mejor al que nos legaron nuestros padres y abuelos; pero lastimosamente estamos haciendo lo contrario, nos importa poco el daño que podamos causar y siempre le tiramos la responsabilidad a los demás, cuando cada persona es consecuente del futuro de su entorno, desde lo poco o mucho que pueda hacer por él. Debemos derrotar la indiferencia y adaptarnos a las circunstancias, máxime cuando el campo del conocimiento está a un solo click.

 

 

Permanecer en la necedad y en la ignorancia, bajo el pretexto de la tradición, puede tener consecuencias nefastas para nuestros hijos, los hijos de ellos y las próximas generaciones; solo basta con consultar los estudios de las universidades e indagar en los centros hospitalarios sobre la cantidad de enfermedades respiratorias y oculares posteriores al carnaval, para darse cuenta que podría pasar más adelante.

 

 

Tienen toda la razón, quienes afirman que la esencia del carnaval es el juego, pero hay que saber jugar, en la última década pasamos del “juego caricia”, a la agresión disfrazada de falsa alegría, donde disfruta el que con maldad apunta a los ojos de quien tiene al frente, y si le puede llenar la boca de espuma o talco, mucho mejor. Tenemos que desterrar este tipo de conductas antisociales, sumado al incremento de la inseguridad en los días de carnaval, donde los amigos de lo ajeno, atacan con estos elementos principalmente a turistas, para robarles sus cámaras, celulares y dinero.

 

 

Como medio de comunicación, recibimos cantidad de llamadas luego de los desfiles, para solicitarnos el servicio social de anunciar la pérdida de papeles, dinero y celulares, la queja es generalizada: “No soy de aquí, soy turista y me robaron echándome talco y espuma”; sentimos entonces vergüenza ajena, porque sabemos que ese no es el comportamiento del 99% de nuestros paisanos.

 

 

Como buenos nariñenses debemos procurar recuperar el “juego caricia”, el respeto por quien nos visita y por el coterráneo, no es algo imposible cuando hay voluntad; hace años, en dos temporadas de vacaciones viajé a una población caucana, donde también se juega el carnaval y allí observé como para jugar le pedían permiso a la gente, jocosamente se acercaban y decían: “le echo un polvito?”, si el otro aceptaba entonces con respeto y humedeciendo la mano con agua, la introducían en un recipiente lleno de talco y luego le pintaban la cara a quien había aceptado la invitación. Ese es un buen ejemplo de cómo se puede mantener la tradición, si hiciéramos algo parecido acá, seguro no habría necesidad de medidas restrictivas.

 

 

Para las personas que ven una oportunidad de negocio en esta época, comercializando “carioca”, la alcaldía tendrá que posibilitarles otras fuentes de ingresos, el carnaval no solo es talco y carioca, es arte, es música, es colorido, y es en ese contexto donde se puede trabajar para ofrecer otros artículos.

 

 

Quien quiere trabajar, no encuentra escusas, se capacita, inventa, renueva, y se adapta para sacarle provecho a cada circunstancia. Por ahora la restricción en la venta de talco, en envases de máximo 500 g, y la prohibición de la espuma, pueden levantar ampolla en algún sector, pero también recibir el apoyo de la gran mayoría de pastusos, como se puede leer en redes; el verdadero examen será en los días de carnaval, el debate está abierto, pero la medida es una realidad, que nos obliga a replantear el cómo jugamos y vivimos el Carnaval de Negros y Blancos.

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