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Los católicos no tenemos por qué tenerle miedo a la ciencia ni tampoco a los que se proclaman agresivamente como ateos.

La semana pasada tuvo lugar en la Universidad Javeriana de Bogotá un hecho insólito en nuestro medio colombiano: el debate público entre el sacerdote y jesuita, padre Gerardo Remolina y el científico Richard Dawkins, campeón mundial del ateísmo combativo.

El tema del debate fue la existencia de Dios: ¿Es Dios una ilusión? Un libre y amigable intercambio de razones entre un pensador creyente y un científico incrédulo.

Dawkins no es sólo un ateo intelectual que tiene sus razones personales para no aceptar la creencia en  Dios.  Es algo más: un ateo beligerante que lucha por desarraigar del corazón de la humanidad la fe en Dios y en cualquier tipo de religión.  Para él, la creencia en Dios y la afiliación religiosa son males desastrosos para la humanidad. Deben ser sustituidos por la ciencia.  En mi biblioteca tengo el más emblemático de sus libros: “El espejismo de Dios”.

El padre Gerardo Remolina es filósofo de la Universidad Gregoriana de Roma y profesor de la Javeriana.  El debate le sirvió para aclarar, ante un auditorio de dos mil personas, algunos conceptos equivocados acerca de Dios, que abundan incluso entre católicos; y que, de no ser aclarados pueden conducir a la indiferencia religiosa y la increencia.

Al científico ateo le produjo algún desconcierto descubrir que el jesuita conocía muy bien los datos científicos que él esgrimía como argumentos para negar la existencia de Dios.  Dawkins pudo comprobar, además, que el padre Remolina no veía ninguna oposición entre la ciencia y la fe cristiana, entre la aceptación de la teoría evolucionista y la creencia en un Dios creador del universo y de la vida.

La Biblia, lo dejó muy claro el padre Remolina, no es un libro de ciencia destinado a transmitirnos datos de índole científica o técnica.  Su riqueza es de otra índole: “En la Biblia podemos buscar la historia de una serie de experiencias espirituales y humanas. Es un libro profundamente humano”.

Es muy significativo que una universidad católica y pontificia, como es la Javeriana, promueva un diálogo abierto al gran público con un personaje que niega con aparato científico el punto más sensible y fundamental de la religión, la existencia de Dios;  un diálogo con quien considera toda religión como una patraña dañosa para la humanidad.  Es de la naturaleza universitaria el promover la discusión seria y libre de ideas, lejos del fanatismo y de un espíritu fundamentalista.  El mismo Concilio Vaticano II desea con los ateos “un sincero y prudente diálogo” (G.S. 21).

La Iglesia Católica no le teme a la ciencia. Por el contrario, la valora como un don de Dios, logrado a través de los siglos con el esfuerzo sistemático de la inteligencia humana. La verdadera ciencia no tiene por qué considerarse como un desestabilizante de la fe; ni la fe cristiana como un obstáculo para el avance de la ciencia.

Espero que este diálogo con un sacerdote católico, inteligente y profundo pensador, haya dejado en Dawkins una semilla de respeto por la posición de los creyentes; y que los argumentos del ateo hayan contribuido a purificar su concepto de Dios en no pocos oyentes y a crecer en el aprecio a conclusiones científicas, sólidas y honradas.

                                                 Gustavo Jiménez Cadena, S.J.    Pasto, diciembre 13 de 2017.