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Por: Erasmo Escobar Santander.

 

¡Esta noche es Noche Buena! para el mundo entero la Navidad tiene una gran importancia e influencia, los Cristianos, celebramos el nacimiento de Jesús, nuestro Señor y Salvador; este el acontecimiento más importante de fin de año, la oportunidad para reunirnos en familia, entre amigos,  y en comunidad.

 

“Hoy les ha nacido en la Ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor”. (Lc. 2:11), es la buena nueva, el momento maravilloso en que el Padre, envía a su hijo  a redimir al mundo; Cristo, es la Luz y Esperanza de su pueblo; ese acto de incomparable amor dividió la historia en dos: Antes de Cristo y después de Cristo; no hay, ni habrá obra humana que tan siquiera se parezca al infinito amor de Dios, hecho niño.

 

Como no alegrarnos, como no  celebrar cada 24 de diciembre, como no agradecer a Dios, por la obra de salvación de la que somos partícipes, y en la que estamos llamados a ser instrumentos de servicio hacia los más débiles y desprotegidos.

 

Pues desprotegido y débil, carente de lo necesario, así nació Jesús de Nazareth, en un establo, entre pajas y pañales, de la manera más humilde, proveniente de un pueblo olvidado, quizá como muchos de nuestros hermanos que hoy sufren las inclemencias de la pobreza y la indiferencia.

 

Pero en ese despojo de todo lo terrenal, radica la riqueza de lo espiritual, eh ahí el milagro, el Rey de reyes, el Señor de señores, no vino al mundo entre algodones y terciopelos, pues lo material no es lo importante, pero el Amor, la Misericordia, y la Entrega, por cada uno  de nosotros, es desde el principio el legado de la Navidad.

 

Jesús, María y José, encarnan ese modelo de familia pobre, campesina y sencilla, pero dispuesta a hacer la voluntad de Dios, por eso la Noche Buena, es un tiempo de oración, regocijo y unión familiar para compartir, para agradecer por todo lo que ha pasado durante el año que termina, y para encomendar nuestras metas, acciones y deseos, en el año que está por comenzar. Seamos entonces, como aquella familia de Belén, ejemplo de fe, para proclamar la obra divina.

 

“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él”. (Lc. 2:14).