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Bienvenidos

Seguramente esta mañana acudiste a la iglesia y allí, de pie o de rodillas, recibiste en la frente la marca negra de una cruz de ceniza.  O, tal vez, la vas a recibir más tarde pues el día tiene veinticuatro horas.

 

 

Entre nosotros la cruz de la ceniza, en este día, es un hecho cultural que a nadie causa extrañeza.  La mayor  parte de la gente que encontramos en la calle o en la oficina lleva la cruz bien visible sobre su frente.  Es un hecho que puede, o no significar nada –se practica sólo porque es la costumbre- o puede tener un hondo significado, poniéndonos en relación con el mismo Dios.

 

 

La conmemoración más importante del cristianismo tiene lugar los tres últimos días de la Semana Santa, en los que se recuerda la muerte salvaje a que fue sometido Jesús de Nazaret;  y el acontecimiento único que siguió: su resurrección del mundo de los muertos. De ahí que la Iglesia invite a sus fieles a disponerse  para esa celebración con una larga preparación de cuarenta días: la Cuaresma, que empieza el día de hoy.

 

 

La ceniza de la cruz  que se traza en nuestras frentes se obtiene de quemar los ramos bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior.  Al aplicarla el sacerdote utiliza una de estas dos fórmulas: “Acuérdate que eres polvo y en polvo te has de convertir”, o “Conviértete y cree en el evangelio”.

 

 

La Iglesia, gran pedagoga, busca con la imposición de la ceniza darnos un fuerte sacudón espiritual: sacarnos de una forma quizás rutinaria de vivir el cristianismo.

 

 

“Polvo eres y al polvo volverás”. Sí, quiérelo o no, la vida pasa rápido y pronto estarás en el último tramo del camino.  Todo en la vida pasará.  El Papa Francisco comenta con humor que él nunca ha visto en los funerales un camón de trasteo que lleve a la tumba los bienes del difunto.  Permanece para la eternidad lo que hayamos hecho en servicio de Dios y de los hermanos.

 

 

“Conviértete y cree en el evangelio”. Con la cruz en tu frente estás diciendo a todos que eres cristiano, que sigues los pasos de Jesús, que te inspiras en sus valores y criterios.   Se te invita a convertirte, es decir, a cambiar la dirección  equivocada, a enderezar tus pasos detrás de Jesús que es el camino para ir al Padre, la realidad eterna que no pasa jamás.  Con Jesús no caminas hacia el vacío, la nada, la desintegración personal. Con Jesús marchas hacia la vida, hacia la resurrección.

 

 

El recuerdo de la muerte que nos trae el miércoles de ceniza no tiene por qué ser deprimente para quien centra su vida en Jesucristo.  Si El resucitó nosotros también resucitaremos.  La conversión en polvo es transitoria.   La muerte en Cristo marca para nosotros el comienzo de una nueva forma de existencia.  La tristeza del Viernes Santo se esfuma ante la explosión de alegría del Domingo de Pascua, con la vida nueva de la resurrección.

 

              Gustavo Jiménez Cadena S.J.   –  Pasto 14 de Febrero de 2018.

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