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Adiós a las armas ¡aleluya!

Por: Gustavo Jiménez Cadena, S.J.

 

Poco pesan los tropezones y retrasos en el proceso de paz frente al hecho monumental de la entrega definitiva de las armas por parte de las guerrillas de las Farc.

 

Ayer, martes 27 de junio, fue el día señalado para terminar la entrega del último lote de armas. Las Farc continuarán su lucha social, pero no con balas y actos terroristas, sino con la fuerza de las ideas y de las palabras.

 

El desarme definitivo de las Farc es la gran noticia de los últimos 53 años. Así lo recalcó el presidente Juan Manuel Santos: “A veces a los colombianos se nos olvida lo que está pasando. Cuando termine este tercer tramo de la dejación de armas, se acaban las Farc, dejan de existir las Farc. Imagínense lo que esto significa”.

 

Las Farc han entregado las armas dentro de un proceso controlado rigurosamente, paso a paso, por representantes de las Naciones Unidas. Esta vez la entrega ha sido en serio: las armas, debidamente etiquetadas e inventariadas, quedan bajo custodia de la ONU, para ser luego destruidas.

 

No ha sido una comedia. Se evitaron las fallas de distintas desmovilizaciones anteriores, durante la presidencia del doctor Álvaro Uribe. En el caso del bloque Cacica Gaitana de las Farc, buena parte no eran guerrilleros sino colados en busca de beneficios. Tuvieron bastante de farsa las desmovilizaciones de Don Berna y del bloque Cacique Nutibara: muchas de las armas quedaron por fuera, para alimentar los nuevos grupos paramilitares.

 

Toda entrega de armas de los violentos al estado debe considerarse siempre, aunque tenga fallas, como un hecho positivo, sea quien sea su protagonista.

 

No es lógico pensar que hay un rendimiento de armas bueno y otro malo, según quien se beneficie políticamente, o según lo realice mi partido político o el contrario. ¿Actúa como patriota quien reprueba determinada dejación de armas sólo por el hecho de que perjudica los intereses del propio bando político?

 

Desde ayer 7.300 hombres y mujeres de las Farc han quedado desposeídos definitivamente de las armas que portaron por largos años, día y noche. De esas pistolas, fusiles y lanzagranadas ya no volverá a salir un solo proyectil asesino.

 

Las Farc van cumpliendo una parte importante de los compromisos de La Habana. El estado y la sociedad colombiana deben también cumplirles a esos hombres y mujeres desarmados y garantizarles que serán respetadas sus vidas.

 

Es un logro innegable del estado colombiano el haber conseguido la desmovilización y desarme de la guerrilla más antigua y más grande de América Latina. Con este hecho Colombia ha taponado la fuente macabra de miles de asesinatos de civiles, de secuestros y actos terroristas.

 

¿Qué pretende quien lucha por sistema contra el proceso de paz? ¿Que vuelvan al monte los grupos armados, para recomenzar la historia de terror de estos últimos 53 años?

 

Con la vida humana no se juega. La vida de un solo ser humano vale más que la esperanza de un millón de votos en las próximas elecciones.

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