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Por: Erasmo Escobar Santander.

A Propósito de la visita del Papa Francisco, a Colombia y en especial a Cartagena de Indias, tierra rica en historia y cultura, donde la mayoría de sus pobladores son afro descendientes; empezó a sonar con insistencia  en los diferentes medios de comunicación que cubrían tan magnífico evento, el nombre de un santo al que llamaron “El esclavo de los esclavos” ó “El esclavo de los negros, por siempre”, se trataba del Jesuita Español Pedro Claver.

 

Pero Quién fue Pedro Claver? Y, Cual fue la obra que lo convirtió años después en santo?.

 

Bien, según cuenta la historia Pedro Claver, nació en Cataluña – España, en 1580, desde muy pequeño se distinguió por su espiritualidad y cercanía con la Iglesia, al punto que en su juventud decide aceptar el llamado de Cristo, e ingresa a la Compañía de Jesús, donde recibe la formación  espiritual y teológica propia de quien aspira ser Sacerdote, el 23 de enero de 1610,  es enviado al Reino de la Nueva Granada ( Colombia), primero a Bogotá, luego a Tunja donde culminó sus estudios y posteriormente  al Puerto de Cartagena, donde fue ordenado Sacerdote el 19 de Enero  de 1616, la creciente ciudad costera para la época se había convertido en el lugar de llegada de los barcos que transportaban esclavos negros traídos del África.

 

Al llegar al nuevo mundo Pedro Claver se encuentra con una realidad desgarradora, se da cuenta que los pobres esclavos eran tratados peor que animales, que muchas de las personas que los traían o los vendían consideraban que aquellos seres no tenían alma y por tanto los sometían a los más crueles tratos.

 

Pedro Claver, aún con los riesgos que implicaba ir en contra de las tendencias ideológicas del momento, empezó a trabajar en favor de los desventurados que llegaban al puerto, medio muertos, llenos de llagas, desnutridos, golpeados, desnudos, desorientados y encadenados, pues eran transportados en barcos en condiciones infrahumanas, hacinados, en bodegas sin ver la luz del sol, sin alimento ni agua suficientes.

 

El misionero catalán, se convierte entonces en el defensor de los negros, y se enfrenta a mucha gente, pues sostiene con firmeza que ellos aún en esas deplorables condiciones también son hijos de Dios, y por tanto no merecían el trato infame que se les daba desde el momento que caían prisioneros.

 

Pedro Claver, comprende perfectamente el pasaje bíblico del Evangelio según San Mateo, capitulo 25, versículo 40; “lo que hagas por el más pequeño de tus hermanos, lo haces por Mí”. Emprende entonces la noble tarea de curar y cuidar a los más enfermos, a los desvalidos, constantemente  se le miraba en el puerto, pendiente de los barcos que llegaban  para luego entrar en lo más profundo de las naves en busca de los más débiles, sin importar  la podredumbre, ni la pestilencia ocasionada por el transporte inhumano que hacían los negreros, allí estaba la mano protectora y compasiva del Jesuita.

 

Llevando consigo alimentos, medicinas y la Palabra de Dios, defendiendo siempre la vida y declarándose servidor de  los esclavos.

 

No  le importaba dormir en chozas, en lugares destapados o llenos de ratas y murciélagos, lo importante era atender a los más pequeños, aliviarles sus dolores físicos y espirituales, escucharles con la ayuda de un traductor y evangelizarles. No solamente iba al encuentro de los esclavos en los barcos, sino también en las prisiones donde los confesaba, y compartía con ellos un momento de paz.

 

Este trabajo lleno de caridad cristiana le hizo objeto de amores y odios, su orden religiosa le alentaba a seguir adelante, pero los negreros y esclavistas de ese entonces inventaban todo tipo de calumnias y escribían falsos informes acusándolo de apropiarse de dineros y de tener preferencia por los negros y no por los blancos, cartas que hacían llegar a Roma.

 

Sin embargo, estas falsas acusaciones no detuvieron a Pedro Claver, quien con humildad y fervor continuó al servicio de los esclavos, aunque eso significara enfrentarse a las autoridades y elites de ese entonces que no miraban con buenos ojos el extremo cuidado y amor con que el catalán trataba a quienes ellos consideraban seres sin alma.

 

En 1650, Pedro Claver, emprende un viaje hasta el Urabá, pero antes de llegar a su destino cae enfermo, víctima de la peste que ya había cobrado la vida de otros hermanos Jesuitas, esto le obligó a regresar a Cartagena, la enfermedad le iba paralizando paulatinamente, hasta el punto que después de 4 años de sufrimiento murió solo, en su celda en total abandono el 9 de septiembre de 1954.

 

El 24 de  septiembre de 1747, fue introducida la causa de su canonización, fue beatificado el 16 de julio de 1850 por el Papa Pío IX, y proclamado santo por el papa León XIII, el 15 de enero de 1888;  ya en la actualidad en 1985, fue declarado defensor de los derechos humanos, sus restos reposan en el templo que lleva su nombre y que dirigen los Jesuitas en Cartagena.

 

Esta es apenas una pequeña reseña de la heroica tarea llena de piedad cristiana y amor  que este siervo de Dios, llevó a cabo contra viento y marea durante 40 años, y que el mismo San Juan Pablo II, y ahora el Papa Francisco, reconocen como un ejemplo de santidad en San Pedro Claver, “El esclavo de los esclavos”.   

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