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Seguramente por miedo a interpretaciones torcidas por parte de personajes bien conocidos e influyentes en la vida pública colombiana -de cuyo nombre no quiero acordarme-, los organizadores del viaje del Papa insistieron machaconamente que su visita era religiosa; de ningún modo política. 

 

 

Es verdad que al jefe de la Iglesia no le compete comprometerse en opciones políticas partidistas.  Por este lado ustedes, los jefes políticos, pueden estar tranquilos: el Papa no vino a oponerse a su partido político ni a  apoyar a sus contrarios; tampoco vino a echarle agua bendita al suyo. Las opciones partidistas concretas son el campo libre de ustedes, los políticos, pero para el Pontífice son campo vedado.

 

Sin embargo, es un error garrafal pretender que los principios cristianos, derivados del Evangelio, no tengan incidencia en la vida pública, en lo político.  Sin contradecir el principio de la no intervención en política partidista, es muy posible que la doctrina social de la Iglesia, y así mismo las orientaciones del Papa, vayan en contravía y cuestionen determinadas acciones del estado o de grupos políticos.

 

Valores esencialmente cristianos como la vida y la persona humana, la paz, el perdón, la reconciliación, reclaman respuestas no sólo individuales sino también políticas.  Así actuó Francisco en Colombia.

 

Francisco se alegró, en su momento, por el buen término de las conversaciones de La Habana. Aplaudió los esfuerzos para poner fin a la violencia armada.  Recomendó establecer leyes dirigidas a resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia, sin olvidar que Colombia es un país de abismales diferencias socio-económicas: “la inequidad es la raíz de los males sociales”.  Temas éstos eminentemente políticos.

 

Todos somos necesarios para crear y formar la sociedad, sin olvidar a los excluidos y marginados: “ésta no se hace sólo con los de ‘pura sangre’ sino con todos”.  La paz es de todos, no es sólo del gobierno o de los dirigentes políticos.  No se dejen robar la paz y la esperanza. 

 

 

Repetidas fueron las llamadas a la unidad dentro del pluralismo, incluso político: “construir la unidad de la nación, a pesar de los obstáculos, diferencias y distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia pacífica”.  El pluralismo político no es indeseable, con tal de que sea honrado y busque el bien común: que “nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo”. Es clara la referencia del Papa a la polarización miope y personalista que agobia a Colombia. 

 

 

Al regresar a Roma se expresó así: “Es evidente que el Maligno ha querido dividir al pueblo para destruir la obra de Dios.  Pero es también evidente que el amor de Cristo, su infinita misericordia, es más fuerte que el pecado y que la muerte”.

 

 

¡Muchas gracias, Francisco! Tus orientaciones de alta política no partidista, derivadas del Evangelio, competencia por derecho propio de un líder religioso, fueron el mejor de los servicios para Colombia, en un momento crucial de su atormentada historia.

 

 

                           Gustavo Jiménez Cadena, S.J.               Pasto, septiembre 20 de 2017