Copyright 2018 - Ecos de Pasto

Bienvenidos

 

Por: Erasmo Escobar Santander.

Gran revuelo ha causado en la ciudadanía pastusa, la expedición del Decreto 0471 del 8 de noviembre de 2017, donde el alcalde de Pasto, Dr. Pedro Vicente Obando, adopta medidas regulando la venta y tenencia de algunos elementos de carnaval y, prohíbe el uso de la espuma conocida comúnmente como “carioca”, elemento químico en aerosol, que contiene sustancias nocivas para el medio ambiente y que según expertos afecta en gran magnitud la capa de ozono.

 

 

Aunque la medida parece ser antipopular, vista desde algunos comentarios acalorados especialmente en redes sociales, donde algunas personas manifiestan su descontento, la verdad es que el decreto tiene mucha más trascendencia por cuanto el Carnaval de Negros y Blancos, nos compete a todos los nariñenses.

 

 

Al ser tan nuestro, todos sentimos la imperiosa necesidad de opinar al respecto, y es entonces que se abre la puerta al debate y aparecen toda clase de razones, unas muy sesudas, y otras tan carentes de conciencia y análisis que dan pena. Igual la medida no nace de la noche a la mañana, ni es un capricho de la administración local, esta obedece a un proceso de años, de estudios adelantados por importantes universidades, con respecto a los efectos nocivos del talco y la mal llamada espuma de carnaval, pues esta se introdujo mucho después de lo que dio origen a nuestra máxima fiesta cultural y artística.

 

 

Si bien, debemos procurar mantener intactas nuestras tradiciones, tenemos el deber y la obligación moral con las nuevas generaciones, de ofrecerles un medio ambiente igual o mejor al que nos legaron nuestros padres y abuelos; pero lastimosamente estamos haciendo lo contrario, nos importa poco el daño que podamos causar y siempre le tiramos la responsabilidad a los demás, cuando cada persona es consecuente del futuro de su entorno, desde lo poco o mucho que pueda hacer por él. Debemos derrotar la indiferencia y adaptarnos a las circunstancias, máxime cuando el campo del conocimiento está a un solo click.

 

 

Permanecer en la necedad y en la ignorancia, bajo el pretexto de la tradición, puede tener consecuencias nefastas para nuestros hijos, los hijos de ellos y las próximas generaciones; solo basta con consultar los estudios de las universidades e indagar en los centros hospitalarios sobre la cantidad de enfermedades respiratorias y oculares posteriores al carnaval, para darse cuenta que podría pasar más adelante.

 

 

Tienen toda la razón, quienes afirman que la esencia del carnaval es el juego, pero hay que saber jugar, en la última década pasamos del “juego caricia”, a la agresión disfrazada de falsa alegría, donde disfruta el que con maldad apunta a los ojos de quien tiene al frente, y si le puede llenar la boca de espuma o talco, mucho mejor. Tenemos que desterrar este tipo de conductas antisociales, sumado al incremento de la inseguridad en los días de carnaval, donde los amigos de lo ajeno, atacan con estos elementos principalmente a turistas, para robarles sus cámaras, celulares y dinero.

 

 

Como medio de comunicación, recibimos cantidad de llamadas luego de los desfiles, para solicitarnos el servicio social de anunciar la pérdida de papeles, dinero y celulares, la queja es generalizada: “No soy de aquí, soy turista y me robaron echándome talco y espuma”; sentimos entonces vergüenza ajena, porque sabemos que ese no es el comportamiento del 99% de nuestros paisanos.

 

 

Como buenos nariñenses debemos procurar recuperar el “juego caricia”, el respeto por quien nos visita y por el coterráneo, no es algo imposible cuando hay voluntad; hace años, en dos temporadas de vacaciones viajé a una población caucana, donde también se juega el carnaval y allí observé como para jugar le pedían permiso a la gente, jocosamente se acercaban y decían: “le echo un polvito?”, si el otro aceptaba entonces con respeto y humedeciendo la mano con agua, la introducían en un recipiente lleno de talco y luego le pintaban la cara a quien había aceptado la invitación. Ese es un buen ejemplo de cómo se puede mantener la tradición, si hiciéramos algo parecido acá, seguro no habría necesidad de medidas restrictivas.

 

 

Para las personas que ven una oportunidad de negocio en esta época, comercializando “carioca”, la alcaldía tendrá que posibilitarles otras fuentes de ingresos, el carnaval no solo es talco y carioca, es arte, es música, es colorido, y es en ese contexto donde se puede trabajar para ofrecer otros artículos.

 

 

Quien quiere trabajar, no encuentra escusas, se capacita, inventa, renueva, y se adapta para sacarle provecho a cada circunstancia. Por ahora la restricción en la venta de talco, en envases de máximo 500 g, y la prohibición de la espuma, pueden levantar ampolla en algún sector, pero también recibir el apoyo de la gran mayoría de pastusos, como se puede leer en redes; el verdadero examen será en los días de carnaval, el debate está abierto, pero la medida es una realidad, que nos obliga a replantear el cómo jugamos y vivimos el Carnaval de Negros y Blancos.

 

Por: Erasmo Escobar Santander.

 

En días pasados la Corte Constitucional, se pronunció en favor de posibilitar la eutanasia en menores de edad, y ordenó al gobierno,  presentar una iniciativa para regular su aplicación bajo el argumento de garantizar el “derecho a una muerte digna” cabe recordar que sobre el tema ya se permitía practicarla en adultos  desde el año 2015, y aunque como buenos ciudadanos debemos ser respetuosos de la ley, como Cristianos Católicos, debemos sentar una posición firme a favor de la vida y en contra de la cultura de la muerte, así esto implique como lo dijo el Papa Francisco, “remar contra corriente”.

 

 

Lo curioso es que la Corte Constitucional, es la entidad judicial encargada de velar por el cumplimiento y aplicación integral de la Constitución Política de Colombia, en la que se encuentra consagrado el Derecho a la Vida; paradójico es entonces que se legisle abriendo una puerta muy peligrosa en favor de la muerte como la solución a un problema que va mucho más allá de terminar con una “carga”, o con el sufrimiento de una persona.

 

 

El solo propósito de acabar con la vida humana, por cualquier razón, se asemeja a la maquiavélica idea de Hitler, de establecer una supremacía de raza, considerándola perfecta,  donde los enfermos, los ancianos y los más frágiles eran considerados inservibles, indignos de vivir, sabemos que el ser humano por su misma naturaleza es imperfecto, y que en esa imperfección está el desafío de comprender y ayudar al hermano prójimo, siempre actuando para proteger al desvalido.

 

 

Para el caso que nos ocupa, el más débil es sin duda, el niño, que por su corta edad y poca madurez quizá no pueda comprender en su momento la magnitud de la decisión de acabar con la vida, ¿acaso los padres, tienen derecho a decidir sobre la vida de sus hijos?; así la ley lo permita y diga que es lo correcto, la verdad es que nos enfrentamos a un vil asesinato, disfrazado de falsa “misericordia”.

 

 

El punto no es el de mostrarse “compasivos”, siendo testigos de piedra ante la eutanasia, el problema de fondo radica en solucionar la grave problemática de la deficiente prestación de los servicios de salud, que como dicen algunos expertos, tiene que cambiar para humanizarse, dejando de ser un lucrativo negocio, que llena los bolsillos de unos pocos, sin importar que cada día muestra falencias que van en detrimento de la salud y la vida de los pacientes.

 

 

Quien haya estudiado medicina sabe que uno de los apartes del Juramento Hipocrático dice: “Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante; me abstendré de aplicar a las mujeres pesarios abortivos”.

 

 

La pregunta entonces es: ¿El Juramento Hipocrático, es hoy un mero requisito para graduarse?, triste sería que la respuesta sea positiva, lo lógico es que sea un manual de conducta ética y moral de los galenos, que sus esfuerzos estén orientados a defender la vida y no a ser verdugos de sus propios pacientes, en el caso que la ciencia médica ya no pueda hacer mayor cosa en favor de los enfermos, lo mejor sería aplicar los cuidados para minimizar el dolor, para procurar un trato digno, respetuoso y humano a quien está padeciendo y dejar que de manera natural ocurra su deceso.

 

 

Distinto es entonces, renunciar a la vida artificial, a las maquinas, a las cirugías y procedimientos que prolonguen el sufrimiento o el dolor y de los que se tenga certeza que no van a mejorar la salud del paciente. Un acto de verdadera misericordia constituye en acompañar al enfermo con cuidados paliativos hasta que muera de manera digna, pero naturalmente.

 

 

Luego del pronunciamiento de la Corte, la Conferencia Episcopal Colombiana, emitió un comunicado donde se opone a la aplicación de la eutanasia. «Encontramos que el propósito de la reglamentación ordenada por la Corte va en contra vía del principio constitucional de defensa de la vida (artículo 11) y abre las puertas para que la sociedad llegue a legitimar la supresión de algunas personas y la negación de los más débiles y necesitados», dice e pronunciamiento de los obispos, firmado por el presidente del Episcopado Colombiano y Arzobispo de Villavicencio, monseñor Óscar Urbina; el vicepresidente de la CEC y Arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón, y el Secretario General de la Conferencia y Obispo auxiliar de Medellín, monseñor Elkin Álvarez.

 

 

De manera que la Eutanasia infantil, lejos de ser un derecho, es una cortina de humo que pretende esconder la grave crisis de la salud en Colombia, por eso estamos en la obligación de alzar nuestra voz, para defender con sentido Cristiano la existencia del ser humano, y rechazar de manera tajante cualquier iniciativa que pretenda legalizar la muerte, con el flojo argumento que en países desarrollados ya se ha permitido, lastimosamente en nuestra patria hay expertos en copiar lo malo y en justificarlo, malos imitadores de nuevas corrientes que están llevando a la humanidad a su autodestrucción.

 

Es una solemne tontería tratar de buscarle una respuesta a la vieja pregunta de qué es primero: ¿el huevo o la gallina?

Así mismo, poca o ninguna utilidad tiene el esforzarse por averiguar quién es el primero en llegar a cultivar coca en los claros de la selva del occidente nariñense: ¿Van adelante los campesinos e indígenas que buscan un modo de sobrevivir,  seguidos luego por los grandes capos narcotraficantes que con su chusma armada los defiende?  ¿O son los primeros en llegar los prepotentes señores de las mafias que obligan a los pequeños cocaleros, bajo pena de muerte, a cultivar para su beneficio la yerba maldita?

Poco importa el precisar quién llega primero. Todos, tanto  el gran traficante como el pequeño cultivador, hacen parte de la cadena criminal. El grado de responsabilidad  podrá ser distinto, pero la conducta criminal mancha a todos.

 El Papa Francisco, en Cartagena, habló de la droga como de un drama lacerante: “un mal que atenta directamente contra la dignidad de la persona humana y va rompiendo progresivamente la imagen que el Creador ha plasmado en nosotros”.

Consciente de los males que la droga produce en los consumidores, y de la ola de crímenes que desata entre los participantes de la cadena productiva, Francisco nos dijo: “Condeno con firmeza esta lacra que ha puesto fin a tantas vidas y que es mantenida y sostenida por hombres sin escrúpulos.  No se puede jugar con la vida de nuestro hermano ni manipular su dignidad”.

 El llamado del Papa  afecta por igual al gobierno, a los adictos consumidores y a los pequeños y grandes traficantes: “Hago un llamado para que se busquen los modos para terminar con el narcotráfico, que lo único que hace es sembrar muerte por doquier truncando tantas esperanzas y destruyendo tantas familias”. 

El jesuita, padre Francisco de Roux, pinta en su columna de El Tiempo, con rudos trazos, la tragedia humana del pequeño cultivador: “El drama es humano.  El campesinado excluido, expropiado y expulsado del mercado formal, sin crédito, ni tierra, ni títulos, ni vías ni tecnología, se amarró a la coca para salvarse, y la guerra y la mafia lo clavaron.  Hace lo moralmente malo.  Veneno para enloquecer gente.  Análogo a que prostituyeran sus hijas para sobrevivir. Y disparan la violencia contra ellos mismos y contra el país”.

La caravana de la muerte ha llegado al Pacífico nariñense y amenaza con extenderse a la cordillera.  La ambición de los grandes capos no se detiene ante la necesidad de asesinar a un hermano. 

La tentación del pequeño campesino de buscar una salida económica a través del cultivo de la coca es cada vez más apremiante.  Vale la pena preguntarse honestamente sobre las consecuencias personales, familiares y sociales de la decisión de dedicarse al cultivo o procesamiento de la coca e insistir en la resiembra.

Amigo campesino: si  siembras coca puedes tener plena seguridad de que, además de unos millones pesos, cosecharás asesinatos y esclavitud. ¡Sin falla: tarde o temprano!

                                          Gustavo Jiménez Cadena, S.-J.     Pasto, noviembre  8 de 2017.

Por: Erasmo Escobar Santander.

 

La Secretaría de Salud Municipal, estará vacunando a caninos y felinos que habitan la capital nariñense, durante todo el mes de noviembre; las jornadas de inmunización antirrábica están programadas por comunas, la meta es la de suministrar la dosis correspondiente a 39.788 mascotas, tanto en la zona urbana como en la rural de Pasto.

 

 

El desarrollo del cronograma previsto es de carácter preventivo, ya que no se tiene registro de brotes de rabia en animales o en personas que hayan sido contagiadas luego de una mordedura, esto no ocurre hace 32 años. Sin embargo, La Secretaria de Salud, tiene conocimiento de algunos casos en municipios cercanos como Buesaco, Linares, Barbacoas y  la zona fronteriza con Ecuador.

 

 

Razón por la cual es pertinente adelantar las acciones que eviten cualquier riesgo, tanto en caninos y felinos, como en la población en general, de ahí la invitación a los dueños o tenedores de los animalitos, para que de manera responsable los lleven a los sitios establecidos en las fechas indicadas, para suministrarles el medicamento.

 

 

Las mascotas que pueden ser vacunadas deben estar sanas, y ser mayores de 3 meses de edad (zona urbana), y de 2 meses (zona rural); Se debe inmunizar aquellos perros y gatos que no hayan recibido tratamiento en un periodo mayor a 6 meses, exceptuando animales enfermos y hembras gestantes.

 

 

El horario de las brigadas será de 8:00 de la mañana a 3:00  de la tarde, en jornada continua, en los sitios indicados según corresponda a cada comuna, o corregimiento del Municipio de Pasto. La iniciativa cuenta con el apoyo y acompañamiento del Ministerio de Salud y Protección Social.

f t g m

parrilla