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Bienvenidos

 

Con ocasión de la llegada del Papa Francisco he recogido, entre los miles de sus frases dignas de recordar, unas pocas que nos ayuden a pensar y vivir:

 

1 Para conseguir la paz se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra.

 

2 Nunca más la guerra, con la guerra todo queda destruido. Infúndenos, Señor, el valor para llevar a cabo gestos concretos para construir la paz

 

3 Lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia es capacidad para curar heridas y dar calor a los corazones. Cercanía y proximidad: como un hospital de campaña tras una batalla. 

 

4 Es el diálogo el que hace la paz. No se puede tener paz sin diálogo.

 

5 Estoy dispuesto a desempeñar el papel que sea necesario para poner fin al único y más viejo conflicto de Latinoamérica –el de Colombia.

 

6 La defensa de los pobres no es invento ni exclusiva del comunismo; es patrimonio del cristianismo que sigue los pasos de Jesús de Nazaret

 

7 Digámoslo sin miedo: queremos un cambio de estructuras.  Este sistema no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los pueblos.

 

8 Las tres tés “Tierra, Techo y Trabajo” significan lucha para que todo el mundo viva conforme a su dignidad y nadie se vea descartado

 

 9 Los sacerdotes son como los aviones: sólo son noticias cuando caen.

 

10 Al hablar de una madre embarazada hablamos de dos vidas: ambas deben ser preservadas y respetadas, pues la vida es de un valor absoluto

 

11 ¡No a la nueva idolatría del dinero! El dinero debe servir y no gobernar.

 

12 La fe cristiana se transmite por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama

 

13 Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón.

 

14 El confesonario no es una lavandería: es un encuentro con Jesús, pero con este Jesús que nos espera tal como somos.

 

15 Cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, son los protagonistas más creíbles de la construcción de la paz.

 

16 El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo se hizo pobre. La pobreza está en el centro del Evangelio. ¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!

 

 17 Estamos llamados a descubrir a Cristo en los pobres, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos.

 

18 Jóvenes: Hagan lío, pero también ayuden a arreglar y a organizar el lío que hacen.

 

19 Me gusta ser Papa con estilo de párroco. En el servicio: cuando visito a los enfermos, cuando hablo con las personas que están un poco desesperadas, tristes, me gusta mucho ir a la cárcel…  Si un Papa no se comporta como párroco, no es pastor

 

20 Recen por mí, lo necesito bastante.

      Gustavo Jiménez Cadena, S.J.                     Pasto, septiembre 6 de 2017

 

Francisco, por el hecho de ser el Papa, tiene que hacer muchas cosas que él no querría ni le gustaría que se las hicieran.

 

No piensen que al Papa le gusta que las multitudes lo ovacionen.  Sabe que ocupa un puesto de preeminencia en esa inmensa comunidad de mil millones de católicos, pero al mismo tiempo se reconoce miserable, pequeño ante Dios, sujeto a las limitaciones de todo ser humano. “Describir al Papa –dice- como una especie de superman, una estrella, es ofensivo para mí. El Papa es un hombre que ríe, llora, duerme tranquilamente y tiene amigos, como cualquier otro”.

 

Francisco ha dicho que, cuando las multitudes entusiasmadas  lo esperan durante horas para verlo pasar por la calle, piensa en lo que escribió su antecesor Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa,  refiriéndose al burrito sobre el que montó Jesús el Domingo de Ramos: “¡Cómo se habrían reído del burro, si al escuchar los aplausos de la muchedumbre, se hubiese ensoberbecido y hubiese comenzado, asno como era, a dar las gracias  a diestra y siniestra con reverencias de prima donna!  ¡No vayas tú a hacer un ridículo semejante!”.  Por eso, más de una vez, a los que gritan “¡Viva el Papa!”, Francisco les ha dicho que mejor griten “¡Viva Jesús!”.

 

El Papa confiesa que no le gusta viajar.  Pero se siente en la obligación de hacerlo.  El primero fue a Lampedusa, un viaje relámpago, improvisado, fruto de una corazonada.  Le conmovieron las imágenes de los refugiados muertos en el mar, ahogados no lejos de la costa italiana: niños, mujeres, hombres.  Fue a implorar el perdón de Dios por esa tragedia desgarradora: 25.000 muertos en 20 años, intentando llegar a Europa.  Fue a llorar a los muertos y consolar a las sobrevivientes.

 

 A Rio de Janeiro, su segundo viaje, fue porque la Jornada Mundial de la juventud ya estaba programada desde el tiempo de Benedicto XVI. “Ahora –dice el Papa Francisco- siento que debo visitar las iglesias, alentar las semillas de esperanza que hay en ellas”.

 

No le gusta viajar, pero sí le gusta, y muchísimo, encontrarse directamente con la gente, especialmente los más pequeños, los minusválidos, los pobres.  Necesita estar en cercanía de las personas.  Por eso rechazó desde el principio el papamóvil totalmente cerrado con vidrios antibalas: “Yo en esa caja, no voy a meterme nunca -dijo-; el obispo es un pastor, un padre, no puede haber demasiadas barreras entre él y la gente”.

 

Fiel a su costumbre, en el momento de regresar a Roma, Francisco acudirá con un ramo de flores a la iglesia de Santa María la Mayor. Arrodillado ante la imagen de la Virgen, dará gracias y le encomendará todas las personas que encontró en su viaje a Colombia.

 

 La plegaria fundamental del Papa será, sin duda, la que ha expresado en otras ocasiones: “Nunca más la guerra; con la guerra todo queda destruido.  Infunde a los colombianos el valor de llevar a cabo gestos concretos para construir la paz”.

 

                       Gustavo Jiménez Cadena, S.J.       Pasto, agosto  30 de 2017

 

CEDENAR S.A. E.S.P., se permite informar a la comunidad que, se han programado trabajos de

mantenimiento  preventivo sobre el Banco de transformadores de potencia 115/13.8 kV

asociado a la Subestación Jamondino ya sus circuitos de distribución urbanos, en la ciudad

de Pasto.

 

Por lo expuesto anteriormente, se informa que el servicio de energía, para el día domingo

3 de septiembre del presente año, en el horario de 7:00 AM a 1:00 PM será interrumpido

en los siguientes barrios y sectores del municipio de Pasto:

 

CIRCUITO 41JA16: La Esperanza, Simón Bolívar, Bella Vista, Transmisores Caracol y Voz

del Galeras, Villanueva, Nuevo Horizonte, La Libertad, Fray Ezequiel Moreno, El Carmen,

Cárcel Judicial, Corazón de Jesús, Cementerio, Santa Matilde, Marquetalia, Floresta,

Camilo Torres y San Albano.

 

CIRCUITO 41JA17: Monserrate, Gualcala, Centro Comercial Único, Villa Adriana María,

Santa Mónica, Transmisores de Colmundo Radio, Villa Recreo, La Florida, El Ejido, Villa

Flor 1, Mercedario, Nuevo Horizonte, Nuevo Sol, Nueva Aranda, La Carolina, Pucalpa 1, 11,

111, SENA, Guamuez y Sindagua.

 

CIRCUITO 41JA18: Santa Mónica, Los Pinos, Santa Bárbara, Villa Flor, Caicedonia,

Antonio Galán, Antonio Nariño, Brisas del Oriente, Canchala, Mocondino y Dolores

CIRCUITO 41JA19: La Estrella, Popular, Rosal de Oriente, Buesaquillo Bajo, Centro y Alto,

Pejendino Reyes, Colegio Libertad, Dolores Alto, La Laguna, Cujacal, Aguapamba, Santo

Ángel y Pinar del Río.

 

 

En la Iglesia Católica, de acuerdo con las enseñanzas de Jesucristo, el episcopado no constituye un trono de honor sino un encargo de servicio.

 

El Papa Francisco lo recuerda una y otra vez: “Los obispos han sido escogidos entre los seres humanos para servirles en las cosas de Dios.  El episcopado es un servicio, no un honor.  Por eso el obispo debe ante todo vivir para los fieles y no solamente presidirlos; porque según el mandato del Señor, el que es mayor debe hacerse el más pequeño, y el que preside, debe servir humildemente”.

 

Por ello, al cumplir nuestro obispo Enrique Prado Bolaños veinticinco años de su ordenación episcopal, no me siento con ninguna obligación de felicitarlo. ¿Felicitarlo por qué? ¿Por un honor recibido?  No, aquí no hay ningún honor o distinción que celebrar.  En cambio, sí me siento vitalmente obligado a agradecerle de corazón por 25 años de servicio: de gastarse y desgastarse en beneficio del rebaño.

 

¡Gracias, muchas gracias Señor Obispo!  Gracias a usted y sobre todo gracias a Jesús, el Pastor Supremo, que nos ha dado tantos regalos, valiéndose de usted como su instrumento generoso.

 

Gracias porque, día por día, se ha empeñado en cumplir el lema de su escudo: “Anunciar a Jesucristo”.

 

Según mis cuentas, por lo menos 1.100 veces ha transmitido usted su mensaje evangelizador de la “Hora Católica” a través de Ecos de Pasto; y muchas veces más en sus correrías apostólicas por las 75 parroquias de su diócesis. El proceso diocesano de renovación y evangelización, impulsado por usted, ha ofrecido amplio cauce al encargo misionero de hacer discípulos de Cristo a todas la gentes.

 

Jesús pasó por el mundo curando a los enfermos y aliviando sus dolencias.  Gracias, Señor obispo, por ese monumento a la caridad cristiana, conformado por instituciones hospitalarias que unen  la más alta tecnología con el trato respetuoso y delicado a las personas: Hospital San Pedro, Hospital Infantil Los Ángeles y el Amparo San José.

 

Gracias por la promoción de vocaciones sacerdotales, que ha florecido en un seminario sólidamente organizado, con 66 seminaristas, y en la ordenación de 87 sacerdotes. Un número que supera todas las expectativas.

 

Gracias por las 18 parroquias nuevas, por la reestructuración de la Catedral y de la Casa Episcopal, por el Banco de Alimentos para ayuda de los más pobres, por la creación de la Universidad Católica del Sur.

 

Gracias por sus celebraciones eucarísticas y sus largas horas de oración, tal vez los momentos más ricos de su servicio. Gracias por su callado y necesario trabajo de oficina y su cariñosa atención a los fieles, por el impulso al apostolado de los laicos y por mil razones más, de las que tal vez ni usted mismo es consciente, pero que sí conoce en profundidad nuestro buen Dios.

 

Limpiando mis palabras de la herrumbre que suele pegarse a las expresiones demasiado trajinadas, termino diciéndole con el corazón: “Que Dios le pague”.

                  Gustavo Jiménez Cadena, S.J.                           Pasto, agosto 23 de 2017

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